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Rivera, Alma Yariela y la impunidad que nos ahoga

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El Lcdo. Marcos Rivera le seca las lágrimas a Alma Yariela en la vista ante el Senado (Foto GFR)
No cabe la menor duda de que Carlos Rivera Santiago es racista y con sus acciones perpetuó el racismo cuando era el supervisor de los Procuradores de Menores en el Departamento de Justicia. Tampoco cabe la menor duda que a pesar de su vergonzosa y antiéticas ejecutorias, será confirmado como secretario del Trabajo. Eso se llama impunidad.

No importaron las lágrimas de Alma Yariela Cruz hace tres años, ni su mirada perdida y nerviosa hoy cuando se sentó ante un paredón de legisladores en el Senado. Poco importaron las lágrimas de su madre, ni la congoja que provocaba escucharla narrar cómo el sistema, que supervisaba Carlos Rivera Santiago, se burlaba de ella.

No. Nada de eso importa. Hoy Carlos Rivera Santiago recibió el apoyo de la que fue su jefa en Justicia y ahora en La Fortaleza, la gobernadora Wanda Vázquez. También lo apoyó el presidente del Senado Thomas Rivera Schatz, y otros legisladores incluyendo de minoría. Lo van a nombrar, no hay duda de eso. Le pasarán un bulldozer por encima a todo el que se oponga.
 
Así lucía Alma Yariela Cruz cuando tenía 11 años y enfrentó el racismo más burdo.
Tampoco puede quedar duda alguna de que la víctima aquí sigue siendo una niña negra y pobre, de educación especial y víctima del bullying, que enfrentó contra el poder del Estado que la trató como una criminal, cuando sólo tenía 11 años. Once añitos. Once años es cuando las niñas deben estar jugando con Barbies, pero a Alma Yariela Cruz la arrestaron, la procesaron como si fuera una criminal, dilataron el proceso, lo llevaron en apelaciones y en todo momento se burlaron de ella. Se mofaron de que perdió el semestre y aplaudían, ante sus lágrimas y dolor. Esos que se burlaron fueron los Procuradores de Menores, fue Carlos Rivera Santiago y fue la hoy gobernadora Wanda Vázquez.


Víctimas en este proceso también son las otras niñas involucradas en el acto de bullying, algunas de las que acusan a Alma Yariela. El departamento de Educación y el de Justicia y todo el sistema del gobierno se colgaron en esto.

La pregunta que hay que hacerse aquí es ¿cómo un abogado que se supone que velara por los menores, no pudo resolver un caso de una niña negra, pobre y de educación especial?

Carlos Rivera Santiago, designado Secretario del Trabajo (GFR)

Si Carlos Rivera Santiago no pudo resolver ese caso, ¿cómo pretende ahora decir que va a poder resolver el caos que hay en el Departamento del Trabajo? ¿Cómo va a poder agilizar el pago del desempleo a casi 80,000 personas que no han recibido nada? Ya él admitió que hay retrasos en los pagos. ¿Se pondrá a modelar en pasarela como hizo la anterior secretaria Briseida Torres mientras la gente hacía fila bajo el sol candente a la espera de que los atendieran?

Exsecertaria del Trabajo Briseida Torres modelando mientras la gente hacía fila para buscar ayuda por el desempleo

¿Cómo Carlos Rivera Santiago, una persona que evidentemente no pudo ni quiso bregar un caso con una niña negra, va a poder lidiar con las uniones obreras o los líderes sindicales que casi siempre son negros? El que no sepa eso, desconoce la historia de Puerto Rico. El sindicalismo y las luchas de los trabajadores siempre han ido de la mano de las luchas raciales, porque los trabajadores peor pagados suelen ser los descendientes de personas que fueron esclavizados.

Más que nada, ¿qué va a pasar con esos Procuradores de Menores que Carlos Rivera Santiago protegió, con los que se mofó en el chat, y a los que dejó incluso planificar vengarse de la niña y de su abogado entonces Leo Aldridge?¿La actual secretaria de Justicia Denisse Longo dirá algo o seguirá con su silencio cómplice? Ese silencio es también racista.
 
Denisse Longo, Secretaria de Justicia (Foto Noticel)
Increíble que esto suceda precisamente cuando en los Estados Unidos se viven momentos de ruptura con las protestas en contra de las inequidades raciales que se extienden al todo el mundo. Pero para el gobierno en Puerto Rico, eso no existe. En Justicia ni se enteraron.

¿Cuántos cánones de ética de la profesión de abogados violaron esos Procuradores de Menores?¿Cuándo vienen las querellas contra ellos por su insensibilidad?¿Contra Carlos Rivera Santiago por permitirlo?¿Qué dice el Colegio de Abogados, las facultades de Derecho de la UPR, de la Interamericana, de la Universidad Católica? Esos silencios que otorgan también son racistas.

Vivimos en un país donde la mofa, el desprecio y las componendas se entronizan. Lo vimos en el chat de la Comisión Estatal de Elecciones. Los vimos en los doschatscorruptos de Rosselló y sus secuaces, quienes están de lo más felices por ahí. Lo vimos en el chat de Vázquezcuando se negó a investigar la corrupción. Lo vimos en el chat de Juan Maldonado y el dueño de Apex celebrando la venta que querían hacer de $38 millones por pruebas Covid-19. Ahora lo vemos en el chatde Carlos Rivera Santiago y los Procuradores de Menores.

En todo proceso de burla y componenda, las víctimas siempre son los más vulnerables. Niños de diversidad funcional que precisamente ahora sufren la posible aprobación de una nueva Ley de Educación Especial que todos rechazan, que bajaron por descargue, y que hará ricos a unos pocos si la firman esta semana. Víctimas también son los pobres. Más que nada, víctimas son los negros.

Por desgracia, la historia de Puerto Rico está plagada de estos casos de racismo y la estela de impunidad que dejan a su paso. En muchas ocasiones, incluso, suceden en la Asamblea Legislativa, ese mismo centro donde hoy Alma Yariela tuvo que revivir el dolor que experimentó cuando tenía tan sólo 11 años.

Vivo en mi recuerdo quedó una vista pública que me tocó cubrir como periodista en el 1998 cuando el entonces presidente de la Comisión de lo Jurídico, el representante Augusto Sánchez, dijo a boca de jarro que, para evitar los abortos, el gobierno debería vender los niños en adopción y así crearían una fábrica de bebés que atraería comercio a la isla. Dijo más barbaridades.

Dijo que los nenes “blanquitos de los pueblos de la montaña” serían adoptados rápido por millonarios estadounidenses porque tienen la ciudadanía americana, y que con los nenes negros tendríamos una fábrica de atletas porque los negros son excelentes en el boxeo y el béisbol. “No tanto en el baloncesto porque no somos tan altos”, recuerdo que dijo, mientras las periodistas que estábamos allí no podíamos creer sus palabras. Le pregunté entonces si no consideraba que sus expresiones fueran una falta de respeto a los niños, y Sánchez me contestó: “No. Los niños no votan”.

Le respondí: “Claro que los niños no votan, pero sus padres votan. Sus madres, sus abuelos, sus tíos y todos sus familiares votan. Esos sí pueden hacer una diferencia”.
             
Hoy, 22 años más tarde y reviviendo lo que le pasó a Alma Yariela, no me queda duda alguna. Si se quiere cambiar esto, hay que votar en las elecciones y botar a los que no sirven. Sólo así se borra la impunidad que nos ahoga.


NOTA: Dedico esta reflexión a mis amigos abogados Leo Aldridge, Maraliz Rivera y Marcos Rivera, por estar del lado correcto de la historia.


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